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El descubrimiento
del sepulcro del apóstol Santiago el Mayor, a principios
del siglo IX, generó pronto una multitudinaria corriente
de peregrinación hacia su emplazamiento, en la que
hoy es la ciudad gallega de Santiago de Compostela. Esta afluencia
acabó formando, desde los más diversos puntos
de Europa, una densa red de itinerarios conocida en su conjunto,
como el Camino de Santiago (o Ruta Jacobea).
Las vías principales
del Camino de Santiago fueron declaradas primer Itinerario
Cultural Europeo (1987) por el Consejo de Europa y como Bien
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en sus trazados a
lo largo de España y Francia (1993 y 1998, respectivamente).
Debido a la gran diversidad
de procedencia de los peregrinos, se irán definiendo
sobre el suelo gallego seis itinerarios principales de llegada
desde toda Europa.
El itinerario que alcanza
una mayor concurrencia y relevancia, tanto socio-económica
como artística y cultural, es el denominado Camino
Francés, que entra en España desde Francia por
los montes Pirineos y en Galicia por el mítico alto
de O Cebreiro.
Pero otros seis itinerarios
consiguieron hacerse, asimismo, un hueco en la historia de
las peregrinaciones jacobeas.
Son los Caminos Primitivo
y del Norte, que alcanzaron relevancia en los primeros tiempos
de la peregrinación, con dos trazados principales que
entran en Galicia por Asturias, procedentes del País
Vasco y Cantabria; el Camino Inglés, seguido sobre
todo por los peregrinos que desde el norte de Europa y las
Islas Británicas arribaban a puertos como los de A
Coruña y Ferrol; el Camino Portugués, que desde
el suroeste de Galicia utilizaban los peregrinos procedentes
de Portugal; y el Camino del Sudeste, por el que se dirigían
a Santiago los peregrinos que, desde el sur y centro de la
Península seguían la popular Vía de la
Plata, entre Mérida y Astorga, para continuar, desde
tierras ourensanas, hacia Compostela.
También se consideran
itinerarios jacobeos, por su simbología histórica,
otros dos: el Camino de Fisterra-Muxía, utilizado por
determinados peregrinos medievales que después de venerar
la tumba apostólica se sentían atraídos
por el viaje hasta el cabo Finisterre, el extremo occidental
de la tierra en aquellos tiempos conocida; y la denominada
Ruta del Mar de Arousa y Ulla, que rememora el itinerario
por el que, según la tradición, llegaron en
barco a Galicia los restos mortales del Apóstol (s.
I). |